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Parques de Cataluña  > Una nueva exposición se adentra ...
 
Jueves, 17 de mayo de 2018

Al contrario de lo que es creía hasta ahora, una investigación del Grupo de Arqueología de la Alta Montaña de la UAB y la Institución Milà i Fontanals del CSIC revela la presencia humana en esta área hace más de 10.000 años.

Una nueva exposición se adentra en el legado prehistórico del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici

La muestra, que se inaugura este sábado en el Ecomuseu de les Valls d’Àneu, se podrá visitar hasta el 15 de julio


Exposició
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Fotos: Ecomuseu de les Valls d'Àneu

El Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici inaugura el sábado en el Ecomuseu de les Valls d’Àneu una exposición sobre el legado prehistórico de este área. “Montañas en la Prehistoria. La arqueología en el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici” pretende acercar a la ciudadanía los resultados inéditos de una investigación llevada a cabo por el Grupo de Arqueología de la Alta Montaña  de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y la Institución Milà i Fontanals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Así, en contra de lo que se pensaba hasta ahora, se ha demostrado que este territorio a 2000 metros de altitud ha estado poblado desde hace 10.000 años como mínimo. La investigación, impulsada por el parque nacional en los últimos 15 años, es pionera en Europa por las novedades arqueológicas que aporta, y desmonta la tesis predominante hasta ahora entre la comunidad científica de que este territorio, por su climatología y orografía, fue virgen durante mucho tiempo en lo referente a la presencia humana. Así, la investigación confirma la influencia de la intervención humana en el paisaje de alta montaña.

La exposición, que se puede ver durante todo el verano, recorre diversas etapas de la prehistoria del parque a partir de fotografías de los yacimientos y de material arqueológico original. Cronológicamente, relata los diferentes momentos de la población humana, desde las primeras evidencias, entre 8.000 y 10.000 años atrás, cuando la población era cazadora-recolectora. Después expone el legado de la época del Neolítico, entre el 7.000 i 4.000 aC, cuando aparecen las primeras actividades agrícolas y ganaderas. Aquí, el aumento de la actividad humana se traduce en los inicios de una deforestación deliberada, se abren espacios y se crean prados. Finalmente, la exposición recorre la Edad de Bronce y la del Hierro, entre 4.400 y 2.200  años, cuando en el noreste peninsular se observa un momento más sedentario y más estable en que crecen los yacimientos y existen los primeros conflictos. Este hecho originó un cambio en el paisaje también en la alta montaña: aumentan los pastos y los cultivos, desaparecen la mayoría de los asentamientos humanos ocupados anteriormente y aparecen escondites de cerámica en cinco puntos del Parque. Se cree que los habitantes de las montañas cambiaron  sus asentamientos, posiblemente a espacios menos elevados. También en este momento se encuentran monumentos funerarios por primera vez: dólmenes y túmulos de piedra.

Así, las personas visitantes podrán descubrir los cerca de 350 yacimientos arqueológicos documentados en la zona. Se trata de pequeños abrigos rocosos, cuevas y restos arquitectónicos al aire libre, como cercados y cabañas, a menudo formando conjuntos más o menos extensos. También cerámicas en canchales, algunas herramientas de sílex en crestas y cimas, posibles túmulos funerarios, petroglifos (grabados sobre piedra), y carboneras, que muestran  las actividades humanas y sus variantes a lo largo del tiempo.

A raíz de los hallazgos de esta investigación, el Parque Nacional ha creado una serie de itinerarios para divulgar este patrimonio.

La investigación concluye que, poco después de la última glaciación, pequeñas comunidades humanas empezaron a frecuentar las zonas de montaña que habían estado cubiertas de nieve y hielo. Vivían de la caza, la pesca y la recolección de vegetales. Actualmente se conocen dos yacimientos de esta época: el nivel que va por debajo del dolmen de la Font dels Coms de Baiasca y el Abrigo del estany de la Coveta I. Este pequeño abrigo sirvió como refugio durante diferentes épocas, la más antigua hace casi 9.000 años.

De aquella época se conservan artefactos como ollas primitivas de barro, o herramientas como hachas o puntas de flecha. Y quedan evidencias de asentamientos como el de Casesnoves, todo un poblado semipermanente destinado a usos ganaderos, con diferentes espacios, que muestran el grado de especialización y explotación en una zona a 2.200 metros de altitud. Esta persistente presencia humana, a priori inesperada, deja también su huella en el medio natural con la introducción de especies animales y vegetales nuevas. Es así, con todos estos factores, como contribuyó a la evolución paisajística del Parque Nacional.