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Patrimonio natural y cultural

La singularidad del Delta se expresa por su realidad física, geográfica, natural y, también, por sus particulares tradiciones, la cultura, el patrimonio arquitectónico y la historia. 

Los humedales, como el Delta del Ebro, son entornos muy productivos de los que innumerables especies de plantas y animales dependen para su supervivencia. Las marismas desarrollan muchas funciones vitales, como el almacenaje de agua, la protección contra los temporales, la estabilización de la costa, el reciclaje de nutrientes y contaminantes, etc. A su vez, también ofrecen beneficios económicos a las comunidades locales mediante la explotación tradicional de sus recursos naturales, mediante la pesca, la caza, la agricultura, la ganadería, las salinas y, más actualmente, el turismo.

En el caso del Delta, la confluencia del medio marino y continental da lugar a una elevada diversidad de especies de peces (unas 50). Por lo que respecta al grupo de las aves, en el Delta se han citado más de 360 especies, y acoge algunas de las colonias de cría de aves marinas más importantes del Mediterráneo. Está declarado zona de especial protección para las aves (ZEPA) y fue incluido en la Lista de humedales de importancia internacional (Ramsar) el 26 de marzo de 1993.

En el Delta, las altitudes por encima del nivel del mar nunca superan los 5 metros. A pesar de este escaso relieve, la riqueza en comunidades vegetales es considerable. Destacan los sosales, los carrizales, los dunares y el bosque de ribera, única formación forestal de la zona y muy dañado por la acción humana.